martes, 4 de mayo de 2010

Suecia

La quería con cada respiración. La quería todo lo que se puede querer sin que te explote el corazón. Debe ser cosa del frío de Suecia, que te conserva en escarcha hasta el latido más pequeño. Quizás a bajo cero los corazones no explotan y uno puede querer con todas sus fuerzas. O puede que simplemente tuviera encajado en el pecho un corazón gigantesco y le entrara ahí más del doble del amor que normalmente entra.

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