miércoles, 26 de mayo de 2010

POP! (Intro)

Hace tres semanas, cuatro días y dieciocho horas que todo lo que oigo es una especie de zumbido espacial dentro de mi cabeza. Desde que aquella lámpara Lykta color rojo se estampó contra mi frente. Para aplastar un cráneo humano se necesitan unos doscientos veinticinco kilos, pero la emoción humana es algo mucho más delicado.

Le dije que no lo hiciera. Cuando con una frase destrozó mi alma, fue lo único que le pedí. “No vayas a los conciertos que me gustan –le rogué-. No quiero verte allí.” Me dijo que vale, que no iría, y sé que decía la verdad. Pero en algún momento sus palabras se transformaron en una mentira, porque aquí la tenemos, y el zumbido se ha vuelto más potente. Y lo mejor de todo, es que no está sola, viene acompaña por un tipo. Si le preguntara seguro que me contestaría que ha venido a ver al grupo, pero para mi no hay duda de que ha venido para que yo la vea a ella.

Mi vista aún puede localizarla dentro de una multitud, mi aliento aún se interrumpe cuando la veo bajo una determinada luz y desde el ángulo adecuado. Mi cuerpo sigue acostumbrado a cómo se mueve el suyo a mi lado.

Me encuentro con Jota en la barra; está hablando con una chica de nuestra edad que me resulta familiar. Cuando llego a donde están, Jota me presenta como Ángel, el futuro del cine español, y a ella como Ali, la casualidad cósmica. Sigo sin entender como le funcionan esas cosas. Por la forma en que la conversación avanza entre trompicones me doy cuenta de que los he interrumpido, así que me alejo fingiendo que busco un hueco desde donde llamar la atención del camarero. Ya que estoy, más vale que me pida algo.

El grupo termina el concierto uno a uno, hasta que al final el cantante acaba con una nota a capella. Lo suyo sería que todo el local se hubiera quedado en silencio, pero la verdad es que la mitad de la peña está hablando. Aunque lo cierto es que eso es mejor que lo que pasa en la mayoría de los casos, ahora hasta los aplaude. Yo también aplaudo y veo que la chica que está a mi lado se pone dos dedos en la boca para silbar, como se hacía antiguamente.

El silbido sale claro y alegre. La chica lleva una camiseta roja con letras blancas en las que se puede leer “SUITS SUCK”. Tiene un bonito color de piel, ni muy pálida ni muy morena y lleva un flequillo rebelde que le da un toque simpático. Si yo fuera diferente, tal vez intentaría entablar una conversación, por ser amable, nada más. Pero siento que si intentara hablar con alguien ahora mismo, sólo fastidiaría.

Miro a la derecha y veo a Bea con su nuevo chico acercándose a la sucia barra para pedir una ronda de lo que sea que yo no estoy tomando. Agobio por las orejas.

Así que yo, un proyecto de guionista mediocre, me vuelvo hacia la chica suits suck a la que no conozco de nada y le digo:

- Esto te puede sonar un poco extraño, pero ¿eres capaz de trazar un plan de fuga en quince segundos?

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