Entonces rompo lo escrito y espero hasta que un día, los puntos y seguidos me besen en la frente, en algún vagón de renfe y yo sin una miserable libreta donde recomponer las piezas de mis historias...
Y al llegar a casa, rompecabezas en las entrañas, lingüística variada para perder el tiempo describiendo, calles inexistentes, el todo y la nada, los silencios que algunos callan y las bombas que resuenan en países que saben a tierra extraña.
Irónicamente, el verbo llega a todas las casas
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