viernes, 21 de junio de 2013

Nervio(s)


Se tiraba de las mangas cuando se ponía nerviosa. A veces lo hacía cuando preparaba té para los dos en aquellos días templados de otoño. Encendía el fuego, colocaba con cuidado la tetera de metal, y ante mi atenta mirada, hacía aquel gesto tan suyo, tan íntimo, aún cuando nada de lo que había allí pareciera ser capaz de sacarle los colores.
- Era tu forma de mirarme - me dijo un día, como si el pasado le hubiera venido a la memoria de repente.
Comía un melocotón maduro y el jugo le corría por la barbilla. Quise estirar la mano y limpiárselo, pero preferí esperar a que ella dijera algo más, a que su boca cálida se llenara de unas palabras que durante mucho tiempo se había estado tragando.
- Lo de ponerme nerviosa, digo. Era por tu forma de mirarme. Tus ojos tan profundos, tan callados, y, sin embargo, como si me desnudaran - continuó, limpiándose la barbilla con una servilleta.
- Pero... - quise protestar, pero ella sonrió con su fila de dientes blanca y familiar, contagiándome a mí al tiempo que entendía a que se refería.
- No era carnal. No es que te pusiera. O quizás sí, no lo sé. ¿Te puse alguna vez? Bueno, es igual. No era eso. Era por estar allí contigo y que aún así, tan cerca, me miraras como si fuera a salvarte la vida. Porque me mirabas así, sabes, como si yo fuera tu tabla en medio del océano, aún cuando lo único que estuviera haciendo fuera preparar el té. Por eso me ponías nerviosa, porque no sabía qué esperabas de mí, ni sabía si llegaría a poder dártelo. ¿Entiendes? - dijo, tirándose de las mangas.
Yo me reí y ella se rió también. Luego se las subió y dejo al descubierto sus delicadas muñecas. Acto seguido volvió a tapárselas, ya con cuidado y sin nervios y dejó el hueso del melocotón encima de la mesa.
- Así que te ponía nerviosa darte cuenta de que esperaba algo de ti - concluí.
Ella asintió. Yo contuve el aliento y esperé a que dijera algo más, pero tras lavarse las manos en el fregadero sus ojos cambiaron de rumbo y volvió a ensimismarse.
- ¿Supiste que era? - pregunté al fin.
Ella volvió la vista y la clavó en mi rostro. Pensé que sonreiría, pero no lo hizo.
- Sí, lo supe.
Volví a contener el aliento.
- ¿Y qué era?
- Lo mismo que yo espero de ti ahora mismo.

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