Para que veas que ya nada es como antes, te confesaré que me quedaba como un trozo de carne muerta y miraba al techo deseando que pasara aquel momento o el resto de momentos previstos en el planning semanal. Hoy soy yo el que me pongo encima y te muerdo los hombros y te tapo los ojos y te araño la espalda hasta el punto de llegar a doler. De cuando el dolor es placer y nos elevamos varios centímetros sobre el suelo.
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