martes, 6 de octubre de 2009

Tiempo

Escribo de forma espontánea en un posavasos de cartón: "En octubre no va a poder ser..."
Me asombra la elasticidad que puede adoptar el tiempo en función de nuestro incontrolable deseo. Aún recuerdo de pequeño la ilusión con que vivía el día cinco del mes de enero. Aquello parecía un sueño, el corazón me latía, era todo un manojo de nervios. Pues a medida que se acercaba la fecha, más largos se hacían los días. Era insufrible.
Por otro lado, me encantan los colores concretos en días determinados. Esto me trae a la memoria aquella vieja historia del futbolista que saltaba al campo con el número nueve en rojo. Y ante la incredulidad del árbitro, la lógica aplastante del susodicho: "Es que me llamo Domingo". Los domingos existen por llevar otro color en el calendario.
Y ahora llegas tú, y de la manera más natural del mundo, sacas el tarro de esmalte rojo pasión nº 2 y te da por pintar uno de tantos sábados. Desde ese momento, los días se han empezado a ralentizar de tal manera que podría apostar mi mano izquierda que ahora tienen entre treinta y seis y cuarenta y ocho horas...
Cuando vuelvo a coger mi vaso, las gotitas de agua han hecho ilegible parte de la frase. Ahora todo lo que se lee es: "...va a poder ser..."

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