Me veo a mi mismo en una casa de una sola planta. Hay una chimenea. Abro una botella de vino. Miro hacia afuera y la tarde es esplendorosa. Siento un escalofrío de vida que me inunda. Te estoy esperando. Hay ropa tendida, camisas mías y braguitas tuyas. Además están intercaladas con una geometría perfecta. Tuya y mía, tuya y mía. Pienso en la duración de las frases que se pronuncian en voz alta y en lo que se dice hacia dentro simultaneamente. Son discursos que sólo se conocen en veladas donde todo es relativo pero a la vez su elocuencia no deja dudas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario