viernes, 2 de octubre de 2009

Retales

Me veo a mi mismo en una casa de una sola planta. Hay una chimenea. Abro una botella de vino. Miro hacia afuera y la tarde es esplendorosa. Siento un escalofrío de vida que me inunda. Te estoy esperando. Hay ropa tendida, camisas mías y braguitas tuyas. Además están intercaladas con una geometría perfecta. Tuya y mía, tuya y mía. Pienso en la duración de las frases que se pronuncian en voz alta y en lo que se dice hacia dentro simultaneamente. Son discursos que sólo se conocen en veladas donde todo es relativo pero a la vez su elocuencia no deja dudas.

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