martes, 30 de abril de 2013
Tupper's
Tenían turnos distintos, con lo que sólo quedaba hacer auténticos malabarismos para, al menos, darse un beso de postre a la carrera. Lo malo es que muchas veces el tráfico se ponía tonto y a A. no le daba tiempo a achuchar al menos un poco a I. antes de que se fuera. Ella pretendía ralentizar el tiempo poniendo morros y dando pequeños sorbos a su té, hasta que llegaba un momento en el que se resignaba y se marchaba sin poder compartir un trozo de amor de mediodía. Eran precisamente esos días en los que no coincidían cuando las tardes le sabían raras, como metálicas, como si le sobrara el amor, y terminaba dándoselo a los gatos con los que se cruzaba sabiendo que por mucho que ellos le ronronearan, aquello no era lo mismo.
Un día, mientras comía abstraída en soledad, decidió guardarle el amor en un tupper, para que él lo encontrara cuando volviera a casa y no lo echara en falta. Fue la primera vez que escribió toneladas de amor en una tapa de plástico, y aunque a partir de aquel momento empezó a hacerlo de forma habitual, ninguno le supo tan bien a A. como aquel primer día que llegó a casa con un hambre de mil demonios. El mismo hambre con el que I. se fue, porque era un desastre para eso de calcular pasta a ojo y siempre se quedaba corta. Y aunque ella sabía que podía haber comido más, que a él le daba igual picar cualquier cosa, no habría estado bien meter en la nevera una fiambrera medio vacía.
No llegaron a cruzarse por nueve minutos, aún así, todavía estaba caliente cuando A. lo sacó de la nevera. Nueve minutos no son nada, ya sabes, y mientras leía la nota pegada en la tapadera, podía sentir todo ese amor colándose por dentro de su camisa, casi tan acogedor como si fuera la misma I. la que estuviera dándoselo. Sonrió, de esa forma en que se te ilumina la cara, y se comió sus macarrones recalentados pensando en que, de tenerla allí con él en ese momento le habría querido veintisiete campos de amapolas en flor. Era su nuevo sistema de medida. Los mismos que por la mañana, antes de que ella se despertara, le había escrito en el espejo del baño para que fuera lo primero que viera.
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